La vergüenza tiene cara

La vergüenza tiene cara
0004915896 – Por Gustavo Nigrelli
La vergüenza tiene cara
Diario de Cuyo
Un fallo localista y reglamentariamente injustificable, perpetrado el viernes pasado en San Juan, desató la indignación de propios y extraños. ¿Fue por desconocimiento o por favoritismo? El agravante es que nadie lo corrigió, cuando había quienes pudieron hacerlo. Que sirva como ejemplo del camino a evitar sería lo único para rescatar.

Los fallos localistas -uno de los grandes males del boxeo-, suelen parapetarse en la apreciación, criterio, y hasta en el error humano de “no ver”, o “ver mal”.

Lo que no se admite es que se violen reglas escritas elementales sin el menor rubor, porque eso supera todo límite y rompe el sagrado pacto de confiabilidad que existe entre el deporte, el deportista y el espectador.

Esto fue lo que ocurrió el viernes por la noche en el Aldo Cantoni de San Juan, cuando el árbitro Hernán Guajardo, descalificó insólitamente a la venezolana Ana María Lozano, tras derribar con un cross diestro en la 2ª vuelta a la local María Cecilia Román, gracias a lo cual ésta retuvo su título mundial gallo de la FIB.

¿Cómo es posible?

Sucede que en el 1º round la visitante –que arremetía siempre peligrosamente con la cabeza sin ser advertida por Guajardo- había cortado en la parte alta de la frente a la sanjuanina en un choque de testas, donde ambas tuvieron culpas compartidas.

Pero el árbitro ni se pronunció al respecto, y ni siquiera hizo revisar la herida, tal vez por considerarla inocua dado su ubicación, aunque bastante sangrante.

Ya en el 2º, cuando Román seguía dominando la pelea por técnica, precisión y velocidad, recibió una sorpresiva contra de derecha que la mandó a la lona, tras lo cual se paró más sentida de lo que se suponía.

Guajardo contó hasta 8, pero allí comenzó su calvario cuando vio que la boxeadora no se recuperaba del todo: inexplicablemente llamó al médico para revisar la herida (tardíamente), que sangraba más aún, pero que en nada se había agravado, y si así hubiera sido, no fue por acción ilegal alguna que ameritara la descalificación.

Fue entonces que para su sorpresa, el médico (local) también quiso ser más papista que el Papa, y abusando de su chapa recomendó detener la lucha. No hay que ser médico para advertir que algunas heridas no revisten peligro. Y ésta era una de ellas.

Allí se vino el abismo para el árbitro, quien debió salir del pantano en el que se metió y otorgar un veredicto. Y acorde con su noche, no se le ocurrió uno mejor que descalificar a la extranjera, es decir, la salida fácil, demagógica. Preferible lidiar con una ante que con miles, incluyendo la promoción.

¿Cómo se puede dar semejante fallo en contra de alguien que acaba de derribar lícitamente a su rival? ¿Cómo se puede descalificar a alguien por una herida producida en un round anterior, donde ni siquiera se la hizo revisar, ni se dejó en claro su causa? ¿Cómo puede alguien actuar con tan poco pudor como para atreverse a dar un fallo tan descabellado, y pretender luego justificarlo?

Cualquier palabra empeoraría las cosas, pues denotaría ignorancia o dolo, a cual peor.

Ahora bien: ¿nadie de los que pueden –y deben- colaborar con su tarea, como los jueces y el supervisor –todos argentinos-, p udo advertirlo del yerro y corregirle el veredicto?

Exculparemos a los jueces por prudencia, ya que ignoramos si alguno de ellos atinó a decir algo sin ser oído, pero no al supervisor Luis Doffi, quien tiene esa función específica, y la responsabilidad de hacer cumplir las reglas de la entidad a la que representa, máxime cuando estas son tan manifiestamente violadas, sea por desconocimiento o error.

Sabido es que a veces los árbitros tienen mezclados varios reglamentos en la cabeza, y que en varias cosas unos se diferencian de otros. Que los fallos de las heridas pueden variar según el organismo, pero nunca en lo esencial.

Jamás puede perder por descalificación alguien que no cometió infracción, y de haberla, jamás puede aplicarse con retroactividad -como queremos suponer que mal hizo Guajardo-, haya o no sido sancionada la infracción en su momento. Eso es básico en cualquier ley.

La FIB habla de faltas intencionales y accidentales (como se supone que fue ésta, ya que Guajardo nunca se pronunció al respecto). Tampoco aclara la FIB a qué llama “intencional”, cosa tan difícil de evaluar, y que en las reglas de la FAB se resuelve hablando de “culpabilidad”, o acción ilícita.

Los cortes producidos por falta INTENCIONAL ameritan 2 puntos de descuento al infractor si hay herida y la pelea puede continuar. Pero la venezolana no tuvo siquiera una sanción, de haber sido la culpable.

Si la herida se agrava después de la 4ª vuelta y obliga a parar la pelea, se va a las tarjetas (decisión técnica), pero el infractor a lo sumo aspirará a un empate técnico si va adelante o empatando en las mismas. Nunca puede ser declarado ganador.

(NdeR: en un grosero vacío legal la FIB no dice qué pasa si la herida intencional se agrava antes de la 4ª vuelta, aunque se deduce que sería sin decisión).

Si el corte fue producto de una falta ACCIDENTAL (como suponemos ésta), no hay descuentos de puntos, pero si el combate debe detenerse, será sin decisión antes de la 4ª vuelta -situación que más se asemeja a la que se dio en San Juan-, y se irá a las tarjetas después de ella.

Es decir que en el mejor de los casos, con un fallo localista, cuanto mucho debió haber sido un combate SIN DECISIÓN. Pero en verdad ni debió haberse recurrido al médico, ni éste haber detenido el combate. Entonces hubiese sido probable que Lozano se hubiese alzado con una victoria, teniendo en cuenta el estado de conmoción en el que se hallaba la sanjuanina.

La pregunta es qué hubiera pasado si el desenlace hubiera sido idéntico pero con las protagonistas invertidas. ¿Hubiese Guajardo descalificado a la Román y dado la pelea y el título a la venezolana? ¿La hubiese llevado a ésta al médico a revisar la herida?

Si habrá sido importante periodísticamente este episodio, que desplazó a la caída de Diego “La Joya” Chaves en California por KO 3 frente al estadounidense Jamal James, y al debut como rentado convencional del cordobés Alberto Melián en la FAB, quien venció por KO 5 al salteño Diego Santillán.

Es que el abuso de poder tan grosero genera una impotencia que incita a la violencia. Y a la venezolana le agarró un ataque de nervios sobre el ring que pudo decantar en algo peor, más aún cuando se le sumó su DT.

No obstante, cierto es que por lo general, cuando el resultado no conviene, aplicar correctamente una regla puede generar el mismo efecto en un público parcial, lamentablemente.

La diferencia está en la conciencia de cada uno en la toma de decisiones. En el respeto y vergüenza que se tenga cada cual. Y hacia dónde apuntar los ideales, sobre todo en una sociedad convulsionada e intolerante como la nuestra, donde urge empezar por respetar la ley, y bregar porque se la acepte.

Fuente:Por Gustavo Nigrelli

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