Antón Pirulero, en el boxeo argentino cada cual atiende su juego

23 de noviembre de 2017 – 16:11
Antón Pirulero, en el boxeo argentino cada cual atiende su juego
– Por Gustavo Nigrelli

Antón Pirulero, en el boxeo argentino cada cual atiende su juego

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Antón Pirulero, en el boxeo argentino cada cual atiende su juego
Foto: Facebook Andrea “La Cobrita” Sánchez
Y sin respetar el del otro. Dirigentes, periodistas, promotores, entidades mundialistas y demás actores, por confusión, ignorancia, o necedad, pretenden imponer sus reglas sin reconocer las ajenas, generando una situación que desorienta al inocente espectador, lacerando al boxeo en general.

Podemos citar varios casos, pero hoy le toca al que tiene como protagonista a la chaqueña Andrea “La Cobrita” Sánchez, invicta en 8 peleas (7-0-1, 2 KO), que tenía programada para este sábado en su provincia natal una pelea por el título mundial mosca jr de la FIB, contra la campeona, la mexicana Alondra García, que para la entidad era mandatoria, porque la Cobrita marcha Nº 1 en su ránkng.

Sin embargo la FAB se opuso, porque tiene una regla interna –una disposición reglamentaria- que exige en el boxeo femenino tener al menos 15 peleas para disputar un título mundial, o 10 en el caso de ser campeonas argentinas, sudamericanas, o continentales.

La Cobrita es campeona argentina, pero le faltarían 2 para cumplir el requisito, que en realidad se creó para frenar la avalancha de combates mundialistas de boxeadoras argentinas cuyos promotores abusaban de la pobreza general, y casi sin experiencia las convertían en campeonas, desvirtuando el valor de los títulos y su seriedad.

La medida fue tan efectiva que no sólo lo controló, sino que además redujo a la mitad la cantidad de campeonas, y lo que antes era una veintena pasó a ser apenas una decena. ¿Sigue siendo tan necesaria esa disposición?

Pero eso no es lo malo. Ocurre que la FAB está en una cruzada por querer imponer sus pautas federativas –con toda razón- respecto de las peleas que deben considerarse como profesionales o no en los records de los boxeadores, cosa no acatada por algunos.

Así entonces, un púgil puede tener tres records distintos según quién sea el que lo interprete, ya que unos consideran las de la WSB y APB de la AIBA, otros las de la APB solas, y otros ninguna.

Con sensatez, la FAB argumenta que dentro del país las reglas boxísticas las ponen ella, es decir, las instituciones, y los púgiles más todo el entorno deben acogerse, les gusten o no.

Pero no hay que olvidar que en el boxeo, instituciones y organismos los hay nacionales e internacionales, más de uno en este último caso, con reglas que difieren unos de otros en algunos puntos.

Mas con esa postura de permitir o no una pelea mundialista, se está contradiciendo argumentalmente, porque mide un mismo conflicto con varas distintas, según en qué lado del mostrador esté. ¿Por qué no actúa en consecuencia de lo que predica?

Si la FIB rankea como Nº 1 a una boxeadora de menos de 15 peleas, o menos de 10 (sus reglas no lo impiden), facultándola para pelear por el título como retadora obligada, suena ridículo que la FAB lo impida por una disposición interna, de menor alcance que la otra en la esfera mundial.

No es coherente que una regla nacional prevalezca por sobre una internacional, y de hecho, cuando acá hay un título mundial o regional en juego de otro organismo, se adoptan las reglas de éste, como la de no contemplar el medio punto y la cuenta de protección de pie.

Alguna vez pasó con la rosarina Victoria Bustos, que con 12 peleas, sin ser campeona de nada, peleó ante “La Monita” Esteche por el título mundial ligero FIB, y la venció. La FIB la consideró campeona mundial, mientras que la FAB no. Recién lo hizo en su pelea Nº 15, cuando defendió con éxito su corona y normalizó su situación, a tal punto que hoy sigue ostentando dicha faja.

El paso del tiempo recordará a Bustos como campeona mundial desde que la FIB la tiene en sus registros, sin importar lo que diga la FAB.

Pero así estamos, cada cual sin entender al otro.

Los periodistas usan su criterio propio, anunciando o publicando el record que a ellos les parece, en vez de unificarlo con la autoridad superior.

Desoyen a la vez las reglas ajenas, porque luego usan el medio punto (regla argentina) cuando no se debe, por estar en efecto las de un organismo internacional que lo prohíbe.

Las Federaciones Nacionales consideran campeones o no a los púgiles, a contramano de lo que dictan las entidades mundiales que los avalan.

A la vez consideran como peleas computables a aquellas que se realizan bajo organismos no reconocidos, o sin licencia. Pero no reconocen los títulos ocasionales que en estas se ponen en juego, si se hacen bajo entidades no admitidas.

La AIBA, que está en este momento con presidente interino –el italiano Franco Falcinelli-, por la renuncia definitiva del chino Ching-Kuo Wu, no publica records de sus boxeadores, por lo cual se da una contradicción más: por más que alguien cuente como profesionales las peleas hechas en la WSB o la APB de los púgiles argentinos, en el resto del mundo no hay manera de hacer lo mismo, porque la página de records boxrec.com –referente en la materia- no las cuenta. Entonces se daría el absurdo de que la misma persona, o el mismo periodista, se las cuente a uno sí y al otro no, por no tener de dónde sacar los datos.

Ahora bien, ¿no debieran primero unificar el criterio todas las Federaciones Nacionales para tener más fuerza y credibilidad a la hora de establecer una postura universal?

Por otro lado, ¿a los profesionales que pelearon en los JJOO, se les cuentan esas peleas o no?

De no ser así, ¿bajo qué argumento se admite que un púgil pelee como aficionado después de ser profesional?

¿Y los promotores nacionales? Trabajan bajo las normativas de la FAB, ¿pero a quién deben obedecer? ¿A las reglas nacionales, o a las internacionales, cuando hay un título mundial en juego y es conveniente para su pupilo y sus intereses creados?

¿Y los boxeadores, que se sentirán perjudicados por las reglas de su país, qué deberían hacer?

No pidamos unidad si cada quien hace la suya, sin la menor intención de incluir al otro, ni bajarse de su pedestal. La soberbia es enemiga de la autocrítica, y sin ésta no hay terreno propicio para un debate que alguna vez contemple lo mejor para todos, y excluya un poco más los egos

Fuente:
Gustavo Nigrelli

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