Mayweather-Mcgregor, y el circo interior

Mayweather-Mcgregor, y el circo interior

 - Por Gustavo Nigrelli
Pasó la pelea más promocionada de la historia, que conformó a algunos y no tanto a otros, pero dejó tela para cortar aunque se dio la lógica elemental: no hubo batacazo, ni sangre, ni muertes. Tampoco quedó el negocio armado para una revancha. No hubo lugar para sospechas, ni desconfianzas. ¿Qué fue lo que no conformó? ¿Qué se esperaba? ¿Cuál de todas las versiones hubiese dejado satisfecho a los espectadores?

Para algunos fue un show, sin saber definir bien esa palabra.

Para otros, un circo, o una payasada.

Palabras de ocasión, sin mucho fundamento, que huelen más a prejuicio que a opinión.

Lo cierto es que se dio la lógica, y eso significa que tanto Floyd Mayweather como Conor McGregor hicieron cada cual lo mejor posible, aunque eso no haya sido lo que los demás querían.

No hubo sangre, ni nadie mató a nadie. En el boxeo no se mata gente, ni se busca un final dramático, o un nocaut de antología, por más que esto aporte al espectáculo. No es el Circo Romano.

El Circo Romano está afuera, en las tribunas, en los hogares, y en uno mismo. En el gen de cada uno de los espectadores, o casi todos. Lo que pasa por la cabeza de cada cual es show. Y la pelea del sábado en el T-Mobile Arena de Las Vegas, donde Money ganó por KOT 10, nada tuvo de eso como para satisfacerlo. ¿Esa es la crítica?

Terminó cuando tenía que terminar, pese a que McGregor todavía estaba vivo, respiraba, se encontraba de pie y podía seguir aguantando manos hasta quién sabe cuándo, simplemente porque muchas no daban en el blanco, o no tenían el poder necesario.

Pero el boxeo no es hasta que alguien acierte y remate. Es hasta que uno supere al otro sin reversión aparente, o hasta que se cumpla el tiempo pactado. Y el irlandés lo único que estaba en condiciones de demostrar es hasta cuándo aguantaba, porque desde el 4º en adelante fue superado en forma irremediable. Lo que podía seguir haciendo era cobrar, acumulando castigo inútil.

Repugna escuchar entonces que el árbitro Robert Byrd la paró antes. ¿Y esos se quejan de que fue un show?

Con el diario del lunes, hay quienes afirman que a “fulanito” McGregor no le duraba ni 2 rounds. ¿Cómo saberlo?

Nadie sabe lo que hubiese pasado siquiera de haber ganado el irlandés. ¿Hubiese enfrentado al vencedor de Canelo-Golovkin? ¿Ahora seguirá en el boxeo, pese a haber perdido?

Cierto es que Floyd demoró la definición porque nunca en su carrera tuvo el arte del KO, y porque su imprecisión para definir denunció la falta de timming y el paso del tiempo, con sus 40 años y 2 de inactividad.

Que Canelo, Cotto, o Maidana (por nombrar a algunos) lo hubiesen cerrado antes en esas condiciones, eso es seguro; pero no menos cierto es que todos estos perdieron ante Money, y nadie puede asegurar que hubiesen ejercido similar performance ante el irlandés, sorteando todos los cruces.

Lo bueno fue ver lo que sucede cuando la estrella de un deporte quiere saltar a otro, por más que ambos sean de contacto y parezcan compatibles. Si fuera fútbol, los 5 mejores del Barsa perderían contra una selección de Fútbol 5 de anónimos. Y de hecho, Mayweather perdería con McGregor en una jaula, a donde éste ya lo desafió a pelear, absurdamente. Fue él quien quiso meterse en la boca del lobo ante Floyd. A éste jamás se le ocurriría lo contrario.

De todos modos, justo es reconocer que el boxeo es el deporte de contacto por excelencia, y el padre de todos los de combate, lugar del que jamás lo desplazarán por una simple razón: en el barrio, o en los bares, donde nació el boxeo, eran respetados los que usaban solamente los puños. Si alguien entraba a las patadas, era señal de cobardía, lo mismo que si agarraba, o apelaba a algún objeto contundente.

Lo que confundía era la lucha en el piso, y asombraba si alguien con esa arma dominaba al que peleaba a las piñas, aunque eso generaba sentimientos encontrados. En el ideario colectivo masculino, siempre están los puños máximos referentes.

Es la diferencia que existe entre el boxeo y las MMA, aunque ésta sea más salvaje y en teoría más completa -seguramente más atractiva-. También causa atracción y adrenalina una pelea entre dos camioneros sin destreza, o dos chicos a la salida del colegio. Pero el boxeo transforma la adrenalina en arte.

Que los guantes en las MMA sean más chicos no es sinónimo de guapeza ni de fortaleza. Al contrario. A mayor peligrosidad, más grandes y mullidos serán estos, y no al revés, como se piensa a la ligera.

Lo difícil es causar efecto con un guante más grande y acolchado, cosa que McGregor experimentó en carne propia, cuando vio que sus manos parecían caricias resbalosas sobre el cuerpo del yanqui.

Pero lo que más dolió no tuvo que ver con los golpes. Fue ver que la fiebre generada por la superpromoción no haya podido ser saciada como es debido abriendo la pantalla, y muchos no la hayan visto ni en diferido, por no adquirir el paquete de FOX Premium. Por ende, no lo tenían en su programación, tal la costumbre del argentino medio, sin cultura de PPV. ¿Para qué se promociona tanto?

Esa es la verdadera parte de un show que sólo concibe el dinero. Allí se comprende los alcances del negocio por sobre el interés deportivo puro, aprovechando los sentimientos más hondos del ser humano. En especial, los de esencia humilde, de la que se nutre la base boxística. Y pese a quedar afuera, sólo con la más pudiente se demostró su caudal poblacional, el más amplio del universo, el que más dinero mueve y atención capta. ¿Por qué?

Ningún otro deporte genera tanto en apuestas, ni en abonados en todo el mundo, y eso tiene una explicación: así como el deporte es la representación lúdica de una guerra, el boxeo lo es de una pelea con las armas que Dios –o la naturaleza- nos dio. De allí nace la empatía, con la que todos nos sentimos de un modo u otro identificados.

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