Rigondeaux, en un ’round’ con Cuba, su estilo y mexicanos que odian cubanos

Rigondeaux, en un ’round’ con Cuba, su estilo y mexicanos que odian cubanos
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Jorge Sedano | ESPN

Guillermo Rigondeaux es un táctico en el ring de boxeo. Como un asesino a sueldo, no desperdicia sus municiones. Hay una cosa que convierte a este asesino en alguien un tanto discreto con sus armas: los dolorosos recuerdos de haber escapado de todo lo que conocía en su natal Cuba.

También le despiertan el instinto temas como la rivalidad entre cubanos y mexicanos, que no la siente muy leal, así como las eternas críticas a su estilo, pero eso lo dejaremos para los últimos asaltos de esta entrevista, por ahora suena la campana y se trata de charlar de su tierra: Cuba.

Cada vez que el tema de Cuba sale a relucir, mantiene a los demás al margen con un jab verbal:

“Eso no se dice, campeón. No se piensa. Eso es lo que está en la mente en ese momento y se va”.
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Guillermo Rigondeaux apenas ha peleado tres asaltos en los pasados tres años AP Photo/John Locher
Sentado en una banqueta de madera en el famoso Tropical Park de Miami, conversa con nosotros sobre el por qué ama tanto a Miami. Se debe a que la ciudad de Florida se siente como una extensión de su origen en Cuba. A noventa millas de distancia, pero mundos aparte.

También es conocido como Rigo o “El Chacal” por muchos de sus amigos y aficionados.

Rigondeaux, quien se enfrentará al campeón súper pluma de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) Vasyl Lomachenko este sábado en la pantalla de ESPN, es uno de los pugilistas más renombrados en la historia cubana. Un héroe, mientras servía de peón en el tablero de ajedrez político de Fidel Castro.

“Cuando has visto lo que yo he visto”, dice Rigondeaux, “nada en el cuadrilátero te hace temer”.

Castro utilizó a los grandes atletas y el legado deportivo cubano a fin de convertirlos en instrumentos propagandísticos a fines de reforzar sus ideologías políticas en el pueblo de Cuba. Creó una muestra de fuera tanto literal como figurada. Nada enfatizaba eso más que la participación de su país en la escena mundial del boxeo.

En una nación privada de muchas necesidades básicas, las cuales son asumidas como normales en Estados Unidos, tales como alimentación adecuada y agua caliente, Castro utilizó a los deportes como el pugilismo a fin de instaurar un sentimiento de orgullo nacional.

El tres veces medallista de oro Olímpico Teófilo Stevenson, gloria del boxeo, fue en una ocasión utilizado como imagen de propaganda para el régimen socialista de Castro. Stevenson famosamente declinó una lucrativa oferta multimillonaria en dólares para hacerse profesional y pelear contra Muhammad Ali, diciendo: “¿Qué es un millón de dólares comparado con el amor de 8 millones de cubanos?”

Rigondeaux (17-0, 11 por nocaut) ha visto demasiado del mundo real para saber que algo andaba mal.

“Viajé mucho con la selección nacional de Cuba. Siempre me entristecía cuando salía y veía a la gente cenar en esos países, porque se podía alimentar a un montón de cubanos sólo con las sobras que dejaban atrás”, afirma el púgil. “Era muy fuerte de ver. Muy fuerte”.

Y, ¿qué le hizo tomar la decisión de dejar Cuba?

Guillermo Rigondeaux apenas ha peleado tres asaltos en los pasados tres años AP Photo/John Locher
“Ciertamente, esa no fue la única razón por la cual deserté, pero obviamente tuvo que ver. Estoy sentado allí viendo gente arrojar comida a la basura y no tenemos nada. Sé que no tendremos nada tampoco”.

Rigondeaux tiene siete hermanos, una ex esposa, un hijastro y un hijo de 15 años en la isla. Ese adolescente también entrena para ser boxeador en Cuba.

“Uno se preocupa como padre”, dice Rigondeaux. “Le digo que se mantenga por el buen camino. Siempre hay ojos encima de ti, estudiando todos tus movimientos, sin importar quién eres. Entiendo que esa es la realidad de vivir allá”.

Se puede ver la angustia en su cara al momento de discutir su familia a la distancia. ¿Se puede imaginar dejando todo atrás, todo lo que uno conoce y ama? Sin mencionar el arriesgar su vida al hacerlo. Rigondeaux tomó en cuenta todos esos factores y decidió que valía la pena asumir el riesgo.

El 22 de julio de 2007, en los Juegos Panamericanos en Brasil, Rigondeaux no apareció para su pelea programada. Once días después, fue puesto en custodia policial y estaba de camino hacia Cuba como un desertor en desgracia y fracasado.

¿Qué ocurrió?

“¿En los Juegos Panamericanos en el 2007? Campeón, eso no se dice. No se piensa”.

Finalmente, un jab impactó al campeón.

¿Cómo te atraparon?

“Estaba en Brasil, y se había regado la especie de mi plan para desertar. Había fotos mías preparando mi próximo movimiento, y así como así, se terminó. Me enviaron de vuelta a Cuba”, dice Rigondeaux.

En cuestión de días, pasó de ser héroe nacional a traidor. Todo por haber intentado buscar la libertad.

Rigondeaux estaba mudo, al igual que el resto de sus compatriotas. Quizás peor: fue destituido de la selección cubana por el propio Castro en un acto de reprimenda pública.

Fue el mismo Castro que había saludado al dos veces medallista de oro olímpico tras su triunfal regreso de Sídney y Atenas, Grecia, quien dijo tras el intento de deserción de Rigondeaux: “Cruzaron el punto de no retorno como parte de la delegación cubana en ese deporte”.

“La traición por dinero es una de las armas favoritas de Estados Unidos para destruir la resistencia cubana”, dijo Castro. “Fueron noqueados con un golpe a la mandíbula, pagado en dólares norteamericanos. No hay necesidad de un conteo”.

Tras la condena pública a manos de El Comandante, a Rigondeaux sólo le quedaba otra opción: intentar desertar nuevamente.

Informes desde Cuba indican que Rigondeaux abandonó la isla en lancha en ruta hacia México. Cuando se le preguntó si había efectivamente viajado de esta forma, nos respondió con su jab usual: “No, campeón, eso no se dice ni se piensa”.

“Aquellos que dicen (que mi estilo es aburrido) nunca han puesto pie en un cuadrilátero antes y nunca han recibido un golpe en la cabeza. El boxeo es una forma de arte.”
Guillermo Rigondeaux
Tampoco explicaría su método exacto de escape de Cuba. Confirmó que había volado a México.

Una vez en tierra azteca, los viajes de Rigo lo llevaron a Laredo, un pueblo al sur de la ciudad fronteriza del estado de Texas con el mismo nombre. Pasó un mes retenido en una casa segura en el pequeño pueblo mexicano. Esta casa estaba ocupada por 30 desertores y los contrabandistas que lo condujeron hacia México y estaban a cargo de hacerles cruzar la frontera de manera segura.

“Había unos cuantos boxeadores como yo. Hombres, mujeres y niños de todas las edades”, dice Rigondeaux. “No podíamos salir. Cuando llegamos, había suficiente comida, agua y enseres para sobrevivir durante toda nuestra permanencia allí”.

Era una transacción de negocios. Se pagaba por el servicio, y los “bienes” eran transportados desde el punto A hacia el punto B, moviéndose rápidamente.

“Simplemente, se te acercaban y decían: ‘Oye, tu familia pagó por esto. Vámonos’”, dice Rigondeaux. “Si no pagaban, te dejaban suelto por las calles y estabas a tu cuenta. Era sólo cuestión de tiempo antes que las autoridades te atraparan y te enviaran de vuelta a Cuba”.

Este encuentro suena como una aventura de esas que sólo se ven en el cine. No se confundan, esto fue real. Era asombroso ver la forma tan detallada como rememoraba la historia. Sin importar lo terrorífico que aparentaba ser la situación, Rigondeaux estaba simplemente aliviado de estar lejos de Cuba.

“Estaba en paz. Sabía lo que tenía que hacer. Si eso significaba que me debía quedar en esa casa por un mes, pues que así fuera. Claramente, había gente con mucho miedo”.

Rigondeaux, sus compañeros de residencia y los contrabandistas se pusieron en marcha. Conduciendo con cuidado por Laredo en su vía hacia la frontera, su viaje hacia la libertad estaba en desarrollo.

“Nos detuvimos en varias casas seguras por el camino. Se nos daba de comer y podíamos dormir allí. Se nos trató bien. No tengo quejas”, dice Rigondeaux. “Nos tomó como siete u ocho días el viajar hasta llegar a la frontera. El grupo con el que estuve se convirtió en mi familia adoptiva. Todos teníamos que formar un nexo para asegurarnos que lo íbamos a lograr”.

Una vez cruzada la frontera de forma segura, pidió asilo político. En un lapso de 24 horas, estaba en camino hacia Miami.

¿Quién lo recogió?

“Campeón, no te puedo decir eso. Vira el capítulo”.

¿Quién no quisiera olvidar o evitar discutir todo lo que él ha debido sufrir? Duda y se muestra ansioso con respecto a dar detalles específicos debido a posibles represalias hacia sus seres queridos.

Su vida personal está llena de complejidad y de cicatrices. Por otro lado, su vida boxística profesional tampoco ha sido un lecho de rosas. Se le ha etiquetado como boxeador aburrido por su habilidad para contragolpear. No se considera lo suficientemente sexy a su estilo defensivo. La cadena HBO le rescindió el contrato. Es algo que claramente le molesta. Tanto, que ya no se muestra reservado. Por el contrario, su volumen aumenta.

Allí sale a relucir el asesino en él.

“Aquellos que dicen (que mi estilo es aburrido) nunca han puesto pie en un cuadrilátero antes y nunca han recibido un golpe en la cabeza. El boxeo es una forma de arte. Golpea a tu oponente y asegúrate que no te golpeen. De eso se supone se trata el boxeo”.

¿Saben a cuál boxeador se le puede catalogar con un estilo aburrido? Floyd Mayweather.

Rigondeaux ve las similitudes en las formas de boxear de ambos.

“Es una estrella. Es el mejor boxeador del mundo. He entrenado en su complejo. Nuestros estilos son similares. Mayweather lanza golpes con precisión. Yo hago lo mismo. No estoy allí para desperdiciar energía. Estoy allí para golpearte en la cara. Así duele cada vez que lo hago”.

Rigondeaux, con toda razón indignado por la idea que su estilo sea “aburrido”, considera que hay algo más en juego.

“Si yo hubiese crecido en este país y hablara inglés como lo hace el (Mayweather), sería tan popular. Puedo insultar en español. Me has oído. Pero no es lo mismo. Lo entiendo. Creo que es un factor importante”.

Luego, el campeón se descargó. Acusó a los boxeadores latinos de despreciarse entre ellos. Específicamente, los pugilistas mexicanos.

“Creo que también el mayor problema que tenemos como latinos dentro del mundo del boxeo es que hablamos muy mal de nosotros mismos. Los boxeadores norteamericanos hacen un espectáculo previo a la pelea, pero hay respeto genuino. Los boxeadores norteamericanos siempre han sido muy respetuosos conmigo y hasta me apoyan. ¿Los boxeadores latinos que no son cubanos? Ellos dicen: ‘Oh, ese hombre se puede ir al diablo’. Los peleadores mexicanos odian a los boxeadores cubanos. Siguen retándote en el ring para mostrar lo bravos que son. Tú sabes, al estilo mexicano. Por eso les he roto la cabeza a todos”.

Cuando llegó la hora de hablar de Lomachenko, su rival de la noche del sábado, se preparó para el golpe de nocaut.

“La gente cree que estoy loco porque acepté hacer esta pelea. Aumenté dos clases de peso porque nadie en mi propio peso quiere pelear conmigo. No los puedo culpar. Él (Lomachenko) dice que me va a patear el trasero. Me rio de eso. ¿Cree que tiene cuatro manos? Tiene dos, igual que yo. ¿Es dos veces medallista de oro olímpico? ¡Qué bien! Pues yo también. Veremos realmente de qué está hecho el 9 de diciembre”.

“Nací campeón. Soy talentoso. Él sólo tiene las ganas y el deseo. Esperen a que lo golpee y lo termine arrojando de cabeza a la lona y veremos qué es lo que tiene”.

¿Entonces, cómo es que este hombre es aburrido?

Fuente:Jorge Sedano | ESPN

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