Buenos Padrinos

Buenos Padrinos

 - Por Gustavo Nigrelli
A Castaño lo salvó tener más respaldo que Soro abajo del ring, donde primero quisieron robarlo en las tarjetas. Ahora se viene otra lucha más, con el antidoping del argentino que se lo efectuó bajo protesta. Da la sensación de que todo será cuestión “de peso y tamaño”.

El triunfo del Boxi, Brian Castaño, por puntos en fallo insólitamente dividido el sábado pasado en Francia ante el afro francés Michel Soro, fue más que nada una lucha de poderes, donde se midió quién la tenía más larga. Y la pulseada aún sigue, con novedades que desarrollaremos más abajo.

Por suerte, a Castaño lo apadrina el propio presidente de la AMB, el venezolano Gilbertico Mendoza, por la estrecha relación que tiene desde hace años con Sebastián Contursi, mánager del Boxi, que esta vez fue usada para lo que realmente se debe, es decir, para evitar una injusticia en las tarjetas –dicho en criollo, lisa y llanamente un choreo- como estuvo a punto de perpetrarse, y no para prebendas ni privilegios.

Triste, pero real en el boxeo nuestro de cada día.

Que una justa deportiva se defina a veces por el “peso” político-dirigencial que cada cual tenga, y que se deba acudir a él con tanta o más necesidad que al buen respaldo físico y entrenamiento de un púgil, indigna.

Pero donde se cocina todo suele no ser precisamente sobre el cuadrilátero, aunque es obvio que sobre él se necesita contar también con los argumentos que expuso Castaño, quien superó de cabo a rabo al apático local con una actuación soberbia, que ciertamente sorprendió por cómo aguantó las 12 vueltas con tanta entereza, pese a que era la primera vez que los hacía en su carrera, y sólo en una había llegado hasta 8.

Aún así, no obstante su demostración boxística, supremacía física, temperamental y psicológica que lo hizo dominar en todas las distancias y terrenos al menos en 8 de los 12 rounds, una tarjeta lo dio perdedor 116-112: fue la de Luigi Boscarelli de Italia, no por nada la cuna de la mafia.

Otro italiano, Pasquale Procopio, le dio a Castaño -que dicho sea de paso era el campeón interino superwelter de la AMB- un escueto 115-113. Valga aclarar que Pasquale vive en Canadá, donde está nacionalizado.

El peruano Danilo Dongo, que era el único naturalmente disidente y observado a 4 ojos, tuvo la valentía de dar también 115-113 a Castaño, lo suficiente como para que se haga justicia sin provocar susceptibilidades ajenas.

Es que los hermanos Acaries (Michel y Louis), legendarios promotores franceses que han sabido piratear de lo lindo este tipo de peleas -incluso contra argentinos, aún siendo mucho tiempo socios del promotor Osvaldo Rivero-, manejan a Soro, y si bien no eran los organizadores directos de la velada, lo era uno de sus hijos (Sebastien), que se ve que mamó bien la escuela de su padre.

Acuden a nuestra memoria fallos y actitudes sospechosas como las peleas de Sicurella-Mendy, Domínguez-Wamba, Reveco-Asloum, Narvaes-Asloum (trascendió que hubo una oferta para que Narvaes pierda, aunque el Enano le dio una paliza) y Vásquez-Wright (Vásquez lo tiró 5 veces y lo paliceó, pero en las tarjetas ganó por poco), entre otras, que menos mal que se trataba de nuestros más grandes exponentes a quienes era casi imposible robar, porque de lo contrario otro gallo cantaría.

Lo mismo intentó hacerse con Castaño. Y esta vez fue evidente, porque las cámaras poncharon todo.

Una cuenta que se hace en segundos, y que quienes están en esto realizan varias veces por fin de semana durante años sin necesidad de calculadoras, a ellos les demandó tecnología, largos minutos, discusiones, tachaduras, correcciones y demás lobbys imposibles de traducir, que fracasaron porque la TV enfocó constantemente y porque Contursi se les sentó al borde del ring sin disimulo, amparado en que Michel Acaries -que nada tenía que hacer allí-, prácticamente era el que hacía las cuentas.

Esto es lo repudiable de las personas del boxeo, no del boxeo. Lo tentador y fácil que es usar el poder, y lo difícil que se hace respetar las reglas.

También en su momento las usufructuó Castaño para acceder a esta corona que ahora casi le roban. Y yendo más atrás en el tiempo, el propio “Látigo” Coggi en Tucumán, contra el colombiano Eder González.

En aquel entonces, Rivero dedicó el triunfo a los argentinos “como regalo de Navidad”, y no entendió el rechazo de la prensa. Parecido hizo Contursi, cuando declaró no entender las quejas sobre la forma en que Castaño llegó a este título. Es que para todo preferimos la justicia y la transparencia, más que los privilegios, aunque estos resulten beneficiosos.

Pero ahora la lucha es por el antidoping de Castaño, que se hizo bajo protesta.

Es que según el Dr. Walter Quintero -médico del Team Maidana, que maneja al Boxi-, hace más de 12 días tuvo utilizar por vía intra articular un medicamento permitido por la WADA (Agencia Mundial Antidopaje), y lo informó convenientemente ante alguien de allí.

Pero quien se disponía a realizar el procedimiento era otra entidad, con personas desconocidas, supuestamente de la Federación Francesa, que ignoraban el pacto hecho de Quintero con la WADA –ignoramos si tenía constancia escrita del mismo, aunque evidentemente no-, por lo que el equipo de Castaño se opuso a realizarlo, aunque debió ceder ante la intervención del supervisor de la AMB, el venezolano Carlos Chávez.

“Como no pudieron ganar arriba, quieren ganarla abajo, o exigir una revancha”, dijo Contursi. Y posiblemente salte ahora como doping la sustancia usada con el permiso de la WADA, aunque habrá que ver si el Team Maidana tiene pruebas de ello.

Por lo que dijo el Dr. Quintero en un video que filmó el propio Team Maidana vía celular -de escabroso audio-, dio la sensación que fue una conversación informal.

Pero por otro lado, aun teniendo razón, el comportamiento previo de toda la organización con el tema de las tarjetas, los condena. ¿Quién puede confiar en ellos?

Resta saber qué hará la AMB, que está en el medio de una cinchada con fuertes intereses creados de cada lado, que para colmo tiene un programa llamado “KO a las drogas” que publicita año tras año y varias veces hasta organizó Contursi.

En nuestra experiencia, cuando estuvo involucrada la pelea de algún argentino, una vez hizo la vista gorda con Frankie Randall y los metabolitos de cocaína que se le detectó en su pelea frente a Látigo Coggi en Villa Ballester –con Don King en el estadio, que manejaba a Randall-, que según ellos, tras la contraprueba realizada en Las Vegas, no superó el límite mínimo permitido, manteniéndole la corona al yanqui.

En la otra, despojó a Mariano Carrera del título mediano que le había arrebatado al español Javier Castillejo, dejó el match sin decisión y ordenó una revancha, que Carrera perdió. Es decir, siempre ganó el que la tuvo “la espalda” más ancha, o más larga. Veremos qué pasa ahora, porque la pulseada parece que aún no terminó.

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