Crónica de un Iniciado

DSC_0508Había estado dos veces en Las Vegas, pero nunca para ver una pelea. Como todo amante del boxeo, en numerosas ocasiones había imaginado cómo sería la experiencia. Pero, como reza el dicho popular, una vez más la realidad superó a la ficción… excediendo ampliamente mis expectativas.

Llegué el domingo, un día antes que mis compañeros de viaje. Dejé mis cosas en el hotel, y me dispuse –en un arranque de originalidad- a dar un paseo por el Strip. Recorrí el Bellagio y el Venetian, acaso dos de los hoteles más lindos de la ciudad. En el segundo está la sede del Museo Madame Tussauds, célebre por sus estatuas de cera, que suele exhibir un par de modelos en la puerta –a modo de “caza-peatones”, si se quiere.

El lunes al mediodía me encontré finalmente con Ramón y Carlos, quienes realizaban pacientemente el ritual del check in en el MGM Grand. Tras el saludo protocolar, Irusta me interroga: ¿trajiste el whisky, no? Mirá que a mí se me acabó en Cincinnati… Por suerte había sido previsor y pude calmar sus ansias. Ya almorzando, le comenté como al pasar: “está la estatua de cera de John Wayne en el Venetian”. Paró inmediatamente de masticar. “Habrá que hacerse un lugar para ir a verla”. Más tarde, mientras pululábamos por el hotel, nos topamos con Sebastián Contursi. Nos invitó a su cuarto, en el Pent House y con una vista impresionante, donde compartimos alguna copa de vino junto a él y Pileta –que parecía tener un chiste para cada situación, y se cansó de arrancar carcajadas. El tema rondó siempre alrededor del Chino: cómo estaba, qué iba –o tenía- que hacer, cómo hacerlo, etc. De a poco se empezaba a palpitar la pelea.

DSC_0103El martes abría la sala de prensa. La primera ceremonia fue la de la entrega de credenciales. Una vez que se cuenta con el pase mágico (aunque sea temporal, ya que la “verdadera” acreditación se retira el día de la pelea) comienzan a abrirse las puertas. Una vez dentro, recibimos la cálida bienvenida de los colegas Zamudio, Giuria y Cantero. Abraham Larena y Príncipi llegaron unos minutos después. De a poco se fue llenando. A la tarde comenzó el show: se realizó la entrada de los protagonistas de la velada al MGM, atravesando el ring montado en el hall principal. El chino ofreció luego algunas palabras a los periodistas, en un sala cerrada. Cuando salimos, el hall estaba conmocionado: había llegado Floyd, su enorme séquito lo evidenciaba. Aquella tarde nomás fuimos a ver la estatua del Duque. Cairo, sorpresivamente, pareció más interesado en la de al lado, la del sex symbol Johnny Depp. Por suerte una buena elección de tangos, ya caída la noche, disolvió cualquier suspicacia.

DSC_0074“¡Lo acabo de ver a Zab Judah!” comenté emocionado a Irusta. Su lacónica respuesta me dio a entender que no sería el único boxeador de renombre al que vería. Y así fue, porque desde el miércoles podía divisarse en cualquier pasillo del hotel a Evander Holyfield, Keith Thurman, El Diamante Márquez, Juan Manuel Márquez, Erik Morales –un ídolo personal-, Amir Khan, Danny García, etc. La conferencia de prensa –llevada a cabo en el Hollywood Theater, donde suele presentarse el ilusionista David Copperfield- me impresionó por la cantidad de gente y la meticulosa organización. Ello sin mencionar el traje del púgil de Margarita, en su versión animal print. Los ánimos estuvieron tranquilos. Minutos antes Irusta había hecho emocionar al chino, con golpes bajos que harían parecer a los de Durán vs. Buchanan como un mero juego de niños. A la noche hubo un agasajo para los periodistas por parte del Gobierno Nacional (Maidana es Embajador Deportivo de la Argentina), que terminó siendo una fiesta de la mano del Chaqueño Palavecino y sus músicos.

El día jueves el protagonista fue otro. Y es que Jesús Cuellar dejó una muy sólida imagen en su victoria ante Juanma López, en el Hard Rock. Nos quedamos con ganas de ver más en la de los pesados. Un nombre para seguir: Erroll Spence, un ex olímpico que promete y ganó en forma contundente. La decepción fue Josesito López, que debió ir a la distancia para vencer a un discreto rival.

DSC_0130El viernes, ya en la víspera de la pelea, arrancó ajetreado ya que durante la mañana visitaron la sala de prensa Maravilla Martínez y el mismísimo Golden Boy, Oscar de la Hoya. Dicho sea de paso, este último recibió un homenaje de la ciudad de Las Vegas en un acto llevado a cabo el día siguiente. Luego llegaría el pesaje, y otra escala llena de música, luces y gritos. La industria del entretenimiento en su máximo esplendor. A mi lado, Horacio Pagani se sobresaltaba con cada estrofa de la canción de un rapero que copaba el escenario. Finalmente llegó Jimmy Lennon y presentó a los protagonistas, ante una multitud que colmó la mitad habilitada del estadio. Otra vez, prevaleció la calma y Floyd y Chino apenas se miraron. Cerramos el día con una comida organizada por Popeye Mendoza –una verdadera enciclopedia del boxeo, al que da gusto escuchar- y Miguel Díaz, recientemente incorporado al Salón de la Fama, en una parrilla típicamente argentina. Un verdadero lujo, ideal para alivianar la ansiedad previa a la pelea.

Llegó el sábado. Temprano a buscar las credenciales. “¿Te tocó arriba? Qué lástima” me consolaban todos los que veían la ubicación en el plástico. A mí poco me importaba. Unas compras y volver rápido para ver a Fabián Maidana –que metió un KO espectacular- y al Pana Sosa –que no pudo descifrar a un rival complicado. Luego la victoria de De La Rosa, tras pasar momentos de zozobra, la sorprendente actuación de la Zorrita Soto frente a John Molina, la polémica victoria de Bey ante el Títere Vázquez y el contundente KO de Leo Santa Cruz. Era hora. Entró el chino, cantó el chaqueño y el himno sonó desde una quena. Luego llegó Floyd, y al poco tiempo arrancó la pelea. De las dudas de los primeros rounds a la mano sobre el final del tercero. ¿Qué hubiera pasado si entraba 30,20 o 10 segundos antes? Sería el comentario que más resonaría luego. Pero no fue así, y Money se recuperó. Y boxeó, y bailó –quizás demasiado, sobre todo en el último round. Pasaron los descuentos, las quejas y las desprolijidades. Con el fallo llegó la silbatina: al público americano y mexicano (había muchos por el fin de semana largo debido al Día de la Independencia) no les gusta el estilo de Mayweather. Se puede entender. Pero también hay que entender porqué llegó al 47-0 y es el mejor del mundo. Por mi parte, tras mi primera experiencia en Las Vegas, creo haberlo entendido. Es la lección que me traje de un viaje inolvidable.

Créditos: Bruno Capalbo

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