NO FUE PELEA

DSC_0505En Tokio, el japonés Naoya Inoue derribó cuatro veces a Omar Narváez en menos de 6 minutos y le arrebató el título súper mosca WBO.

Solamente tiene 8 peleas profesionales y 21 años el japonés Naoya Inoue. Y ya ganó dos coronas mundiales. Este martes 30 de diciembre logró el campeonato súper mosca luego de derribar cuatro veces al argentino Omar Narváez, quien efectuaba la 12da defensa de su corona.

No se puede contra el Padre Tiempo. La frase, vieja como el boxeo, es la misma que utilizamos la noche del 7 de junio, cuando en el Madison de Nueva York, Miguel Cotto arrasó con Maravilla Martínez.

Y la misma frase se puede utilizar en este caso. El promotor japonés Ahikiro Honda hizo una apuesta fuerte, ofreciendo una bolsa seguramente muy grande, para que Omar Narváez hiciera su primera defensa en Japón. Tenía sus motivos: la nueva joyita del boxeo japonés. Inoue, a quien por algo lo llaman “Monster” tiene apenas 21 años y, aunque para subir al ring ante Narváez registró 52,100, de él podría afirmarse lo mismo que del argentino Pascual Pérez, quien aunque era peso mosca, se decía que pegaba como un liviano”. Este también…

DSC_0547Narváez, a los 39 años y con ciclo brillante en dos reinados, primero en peso mosca y ahora supermosca, viajó a Japón sabiendo lo difícil que era el compromiso. Eso se sabe. Lo que seguramente no pensó –y nosotros tampoco-, es que todo iba a resultar tan breve, tan desmedido, tan contundente.

Apenas empezó la pelea, cuando comenzaban a armarse las estrategias –el japonés, con su 1,70 m, 7 centímetros más alto que el argentino, parecía, además, mucho más grande en todo-, vino la primera pedrada. Porque fue eso, una pedrada, una derecha a la cabeza tirada de afuera hacia adentro, voleada en cross abierto. Fueron dos en realidad: en la media distancia, metió Inoue una derecha que llegó fuerte y luego la otra: al suelo Narváez, primera caída.

Se prendía una luz de alarma preocupante, teniendo en cuenta que Narváez, más allá de toda su veteranía en el ring, es un hombre de gran resistencia. Eso fue, apenas, el comienzo porque cuando el japonés lo tuvo contra las sogas a Narváez, lo rozó a la cabeza con una zurda cruzada y el “Huracán” se fue otra vez al piso. Rodó sobre la lona por la fortaleza de un impacto que fue, apenas eso, una mano que lo rozó, pero con una potencia tremenda. Otra cuenta de Lou Moretti. Se veía venir el final.

DSC_0582En el segundo Narváez hizo todo lo que pudo, que fue poco. Es evidente que había entre los boxeadores no solamente una gran diferencia de años (39 contra 21, o sea 18 años) sino también de kilaje y físico. Narváez registró 51,900 Kg. Habrá subido al ring con 55 kilos, mientras que por una cuestión de altura y alcance, Inoue, que registró 52,100,  debe haber subido hasta los 57.

Por supuesto, no es excusa para el argentino, quien intentó: primero achicar los espacios, tratando ganar la iniciativa, y segundo, meter la derecha a fondo. El primer objetivo fue logrado a medias de la misma manera en que, esa derecha, por las diferencias físicas que ya mencionamos, no lograban ni siquiera mover a un boxeador mucho más fuerte.

Todo eso se quedó en la nada cada vez que el ahora campeón mundial conectaba una mano. Se notaba, en cada impacto, la dureza y potencia del golpe, porque Inoue no sale a tocar, sino a lastimar, sobre todo con la derecha a fondo.

Así que, justamente, cuando Narváez iniciaba una contra ofensiva, yendo hacia adelante y quebrando el torso, llegó la zurda ligeramente cruzada de Inoue y otra vez, Narváez se fue al suelo. Era evidente que la pelea era absolutamente desigual desde un punto de vista físico. Parecían boxeadores de categorías diferentes –estamos hablando de kilaje, se entiende- y efectivamente, fue así. No había modo de frenar al retador.

Se levantó Narváez, y siguió en el ataque Inoue hasta que, teniéndolo contra las sogas, lanzó un gancho al hígado, tremendo y definitorio. Cayó Narváez apenas un segundo después del golpe, cayó de rodillas y todos supimos que era el final. Y lo fue.

DSC_0296Anteriormente, su hermano, Néstor Daniel Narváez (20-3-2, con 9 victorias antes del límite) cayó por puntos ante el hermano de Naoya, Takuma Inoue (4-0-0). Fueron los 32 años del argentino contra los 19 del japonés… una historia similar…

Fue también, para el “Huracán”, el final de una campaña tremenda de un boxeador que a lo largo de 12 años se mantuvo como campeón del mundo. En su octava salida al exterior –ya había peleado en Francia, Italia, España y Estados Unidos, cuando perdió por puntos con Nonito Donaire-, fue superado ampliamente por un boxeador más joven, más fuerte, más pegador.

Era, por cierto, el cálculo generalizado de que el japonés iba a imponer su potencia, pero también es cierto que lo hizo todo muy fácil, todo muy rápido Inoue. Bastó una derecha a fondo, la primera, lanzada realmente con malas intenciones, para que empezara el final del combate. Ese golpe fue tremendo y, más allá de que Narváez se haya podido recuperar, fue una señal inequívoca para el hasta entonces campeón, de que estaba frente a un boxeador sólido como una roca.

DSC_0298Narváez suma ahora 43 victorias con 23 nocauts, 2 derrotas y 2 empates. Seguramente vendrá el momento de la reflexión. Profesional impecable, siempre perfectamente entrenado, Narváez declaró muchas veces que “el día que no tenga ganas de entrenar, cuelgo los guantes”. Tal vez por eso, no sería de extrañar que, por lo menos intente una pelea más, para no irse perdedor.

Ya llegará el momento de escribir mucho más sobre él y de su legado: igual que Maravilla, ambos siempre se presentaron en tremenda condición física y dejaron hasta la última gota en cada presentación, Este martes 30 de diciembre, Narváez chocó contra una pared –mejor dicho, la pared fue a su encuentro y lo chocó a él-. Una pared levantada con juventud, potencia, actitud y fuerza. Demasiados elementos para un campeón que, a los 39 años, no tuvo ni siquiera una oportunidad de demostrar nada.

Fue todo muy breve, muy duro, muy frío. Cuando todo hubo terminado, Inoue levantó los brazos e insinuó una sonrisa.

El Monstruo había terminado con su labor.

Crédito: Carlos Irusta

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