JUGAR CON FUEGO

Jugar con fuego

La muerte del púgil canadiense Tim Hague, ocurrida la semana pasada, obliga a un replanteo de reglas y recaudos a tener en cuenta en el boxeo a nivel general, sin que dependa del lugar donde se efectúen las peleas. Todos los boxeadores son de carne y hueso y les caben los mismos riesgos, sin distinción de países ni razas.

La semana pasada reaparecieron de pronto fantasmas de otras épocas con la muerte del púgil canadiense Tim Hague, que convulsionó al mundo boxístico, redes sociales y parte de la prensa en general, que en condiciones normales ignora olímpicamente al deporte de los puños, y sólo refleja casos como estos.

Hague tenía 34 años y apenas 3 peleas profesionales cuando se subió al ring del Shaw Conference Centre de Edmonton, Canadá, a combatir frente a su compatriota Adam Braidwood -de 33-, pero una de ellas había sido en 2011 -su único triunfo-. Las otras 2 eran derrotas, la última por KOT 1 en diciembre pasado, ante alguien de sólo 2 peleas.

Hague provenía de las MMA, terreno en el que ya había sufrido una conmoción cerebral en 2011, y había abandonado la actividad por un tiempo “para que el cerebro se cure”, según una nota deINFOBAE.

Reapareció recién en setiembre de 2016 ante un invicto de 5-0-0, 4 KO, frente a quien cayó por puntos.

En su fatídica pelea, siendo un preliminarista (3 combates) que debutaba como semifondista, le pusieron a un fondista de 7-1-0, 6 KO como Braidwood, acostumbrado a despachar a sus oponentes entre el 1º y 2º round.En su fatídica pelea, siendo un preliminarista (3 combates) que debutaba como semifondista, le pusieron a un fondista de 7-1-0, 6 KO como Braidwood, acostumbrado a despachar a sus oponentes entre el 1º y 2º round.

Hague cayó 4 veces en el 1º, aunque una –quizás la peor- no fue contabilizada por el árbitro Len Koivisto, un imprudente inepto para la tarea, a quien debiera retirársele la licencia de por vida.

Tal caída fue producto de un tremendo uppercut diestro que hizo efecto retardado en Hague, quien evitó desplomarse enseguida gracias a que se aferró de las piernas de su rival, maniobra que emplean muchos púgiles para no caer, y que los árbitros poco idóneos como él compran (los de acá también), vaya a saberse por qué absurdo pensamiento que hace suponer que es natural que un boxeador quiera tacklear a otro, sin advertir que es para evitar una caída válida. Tomen nota: eso sucede cuando un púgil está sentido, por lo tanto es cuenta de acá a la China.

Koivisto limpió sus guantes –y sus manos- y dejó seguir como si nada. De inmediato vino la 4ª caída, que para él fue la 3ª, todas en el 1º round, y entre las pésimas reglas que rigen allí y la ineptitud de un pésimo árbitro, la pelea podía seguir, engendrando así el inicio de un drama. A los pocos segundos sonó la campana.

En el 2º cayó una vez más antes del KO definitivo, que no fue nada del otro mundo, pero fue la sumatoria de las demás caídas. –Hubo otra situación previa que hubiese ameritado cuenta, no contemplada por el árbitro porque no tocó la lona-.

Hague no recibió siquiera atención médica inmediata, y hasta se vio a una médica que subió con guantes de látex, pero en vez de irlo a atender y ponerle aunque sea una bolsa de hielo en la nuca, se quedó hablando sobre el ring, como si tal cosa.

Hague bajó por sus propios medios –algo tampoco recomendado ante un KO así- y luego, en el vestuario, convulsionó, por lo que fue hospitalizado y declarado más tarde con muerte cerebral, que decantó en el trágico desenlace horas después.

¿Hubo negligencia? ¿Fue fatalidad? ¿Fue accidente? ¿O qué pasó para que sucediera este lamentable final?¿Hubo negligencia? ¿Fue fatalidad? ¿Fue accidente? ¿O qué pasó para que sucediera este lamentable final?

Uno desconoce las reglas canadienses y los pormenores que rodearon a esa pelea. Tal vez en Canadá –por lo que se puede observar- se rijan por las mismas que en territorio estadounidense, es decir, con la Ley Alí, similares a las que se usan en la mayoría de los organismos internacionales como la AMB, el CMB, la FIB y la OMB, al menos en cuanto a los criterios para detener combates, para realizar cuentas de protección, determinar equivalencias, etc.

Pero, por ejemplo, con las reglas argentinas, un púgil que no pasa por el amateurismo –como el caso de Hague-, no puede directamente ser boxeador profesional.

Hague no hubiera podido boxear nunca aquí, y menos sacar su licencia a esa edad tardía. Pero además, estuvo 5 años inactivo, lo cual representa un impedimento extra para retomar la actividad, sin desmedro de la realización de exámenes médicos exhaustivos especiales, que ignoramos si se realizaron allí –con sus antecedentes, si así lo hizo, difícilmente le hubiesen dado bien-.

Hague no hubiera podido boxear nunca aquí, y menos sacar su licencia a esa edad tardía.

Las reglas FAB tampoco hubiesen admitido la pelea entre un semifondista virgen contra un fondista, menos si el primero es un perdedor y el más débil de ambos. Y mucho menos si el de mayor experiencia es un noqueador, y enfrentará a alguien que viene de perder por KO 1, sumado a su antiguo antecedente cerebral.

Si así y todo se hubiese hecho la pelea, para la FAB existe la cuenta de protección de pie, que Hague mereció un par de veces, independientemente de las caídas sufridas. Y lo más concreto aún, 3 caídas en un mismo rounds equivalen a un KOT automático y pelea acabada. Ni se hubiese llegado al 2º.

Es decir, las reglas por algo están, aunque no siempre que se vulneran ocurra una tragedia. Pero lo cierto es que cada vez que hay algún accidente como el de Hague, o similar -aunque no llegue a ser fatal-, casualmente alguna de estas protecciones extremas no se cumplieron. Y no es que en Argentina sean unos genios, sino que hubo experiencias que formatearon un perfil de los mismos, y si no se buscan evitar con leyes, dejan de ser accidentes para rozar el terreno de la negligencia.

Es hora de que los demás países, organismos y/o entidades mundialistas tomen nota, por la salud de los púgiles y del deporte mismo, que en otras épocas abolicionistas -como las que hubo y nunca desaparecen del todo- hubiesen dejado al boxeo en el ojo de la tormenta, como una de las 7 plagas de la humanidad.

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