La voz interior de Ignacio Perrín

La voz interior de Ignacio Perrín

 - Por Gustavo Nigrelli
Ex olímpico en Río ’16, padeció el conflicto post amateurismo del último período y a los 32 años se hizo profesional fuera del país (México). Ganó dos peleas -una por KO-, y ahora está de vuelta para seguir su carrera acá. “Maidana y Maravilla Martínez nos abrieron las puertas a todos los argentinos”, asegura. La historia de alguien que jamás bajó los brazos y trabajó siempre con humildad y en silencio

Tras los JJOO de Río, salvo a Alberto Palmetta, a la camada argentina que compitió allí -6 boxeadores-, supuestamente la crême de la crême, le costó rearmar su futuro, cuando se suponía que iban a arrasar con todos y a recuperar el terreno en el profesionalismo prontamente.

A tal punto les costó, que aún hay púgiles que no debutaron, y que no son ni una cosa ni la otra, como les pasa por ejemplo a los dos más emblemáticos, Alberto Melián y Yamil Peralta.

Pero Ignacio Perrín, bonaerense, del que menos se esperaba, el que entró a los Juegos casi dando un batacazo en una categoría inmensa para él (60 kg), demasiado grande en edad para hacerse profesional, y de quien se vislumbraba más el retiro que la competencia activa, a los 32 años se fue del país (a Miami) contradiciendo lógicas, debutó afuera, ganó dos peleas en México nada menos que ante púgiles locales, y cuando se pensaba que seguiría allí sus pasos, se volvió.

—Tu caso es atípico. Primero porque el reglamento permite sólo hasta los 29 años hacerse profesional. Segundo porque sos el único de la camada de Río que debutó afuera, cuando la lógica era que te retires. Tercero, porque de pronto volvés, cuando te estaba yendo bien y se suponía que seguirías allí. ¿Cómo se explica todo esto? ¿Por qué te volviste?

—Porque no aguantaba más. Extrañaba. Estar solo es duro acá, imaginate estando lejos, en un país que no conocés. Al 5º mes ya me quería volver, no podía más. Estuve 6 meses.

—Pero te estaba yendo bien. Ganaste dos peleas, una por KO, y eso que no sos noqueador. Sorprendiste.

—Sí. Y en la 2ª me dijo mi promotor que me pidieron. Pidieron mi nombre para que sea parte del festival. Y eso que peleé contra dos locales, uno mucho más pesado que yo, y así y todo lo tiré.

—¿Y entonces? ¿Qué pasó? Tenías todo servido.

—Sí, pero me di cuenta que lo mismo que hacía allá lo podía hacer acá. Incluso mejor, y sin sufrir tanto. Además, también tuvo que ver con migraciones. Yo tenía visa de turista y ahí controlan todo. Tenía que salir y volver a entrar y si me veían con plata se me podía complicar, porque significa que estoy haciendo algún negocio a sus espaldas. Es jodido.

—¿Cuánto te pagaron?

—En la primera, u$S1000. Fue en México, en Mérida.

—¿Y en la segunda?

—Todavía no me pagaron, pero eran u$S1000 también, y en la misma ciudad.

—¿Y por qué no te pagaron aún?

—No sé, pero ya me pagarán. Me dijeron que después me la giraban. Ya lo harán, seguro. No va a haber problemas.

—¿Te decepcionó algo de lo que te pintaron respecto del estar afuera?

—No. Aprendí mucho. Me sirvió para abrir los ojos. Quizás el error fue haber ido solo, sin conocer a nadie, sin un DT, pero así era la propuesta y fui a hacer mi experiencia. Pero un día pensé por qué no puedo hacer todo esto que hago acá, en mi país. Se puede. Con conducta, se puede. Lógico que allá al no tener uno nada que hacer es más fácil. Acá tenés más posibilidades y tentaciones, pero se puede. La diferencia en plata es bastante, pero tampoco tan grande.

A ver, empecemos por el principio…

 

EL PRINCIPIO DE LA HISTORIA

—¿Por qué decidiste irte?

—Es que no tenía claro lo que iba a hacer después de los Juegos. Te agarra un vacío. En realidad, yo hubiese querido seguir en el equipo amateur, representando al país, pero poco a poco me fueron marcando la puerta de salida y me di cuenta de que mi tiempo había terminado. Pensé en retirarme, sí. Varias veces.

—¿Te convenía seguir como amateur en vez de hacerte profesional? ¿Te alcanzaba con la beca?

—Si nos la hubiesen mantenido sí. Pero ese fue uno de los problemas. Cuando volvimos de Río nos la sacaron a todos. Después hubo quejas y a algunos se la devolvieron, como a Yamil y a Melián, pero por los diplomas que ganaron. Es una beca importante, pero dura 2 años. Y hubo unos meses en los que no se las pagaron, no sé si después lo hicieron.

—¿La tuya de cuánto era?

—Cuando me clasifiqué a Río en marzo del año pasado pasó a ser de $8000. Y ahí sí estaba buena. Pero antes de eso cobraba $1400.

—¿1400 pesos?

—Sí. Yo en 2010 dejé de participar en torneos Fundamentales (NdeR: se lama así a aquellos de máximo nivel, como JJOO, pre-olímpicos, Panamericanos, Mundiales, ODESUR). Hasta ahí cobraba $3000. Pero después bajé a 1400 y eso no me alcanzaba para nada.

—¿Durante más de 5 años tiraste con eso? ¿Cómo hacías? ¿Te ayudaba tu familia?

—No, porque yo no quería. Ese era uno de los problemas. Yo no vivía en el CeNARD, por lo tanto no tenía derecho a la comida, ni a la vivienda. Tampoco vivía con mis padres, porque me fui a vivir con mi novia, que también es atleta (Yennifer Meza), y boxeadora amateur –va a ser mejor que yo-. Alquilábamos. Yo doy clases de boxeo, en especial a gente de las MMA. Con eso y un poco con el aporte de ella nos manejábamos.

—¿Y la comida? ¿Vitaminas? ¿Transporte? ¿Ibas y venías por las tuyas al CeNARD?

—Sí. Iba a la mañana. Entrenaba. Me quedaba allí dando vueltas, comía alguna fruta que por ahí me daban los chicos y me quedaba hasta el horario de la tarde. Y me volvía a mi casa a la noche.

 

—¿Casi sin alimentarte? Imagino que a la noche te desquitabas.

—No. Comía berenjenas. La madre de mi novia hacía berenjenas, que las teníamos en un frasco y eso comíamos. Y mate. Berenjenas y mate.

—No…

—Sí.

—No te puedo creer.

—Pero no bajé los brazos nunca. Mi objetivo era llegar a un JJOO. Y si bien pensé en abandonar el boxeo más de una vez –de hecho había dejado para pelear en las MMA- siempre algo me trajo de vuelta. O la promesa de viajar a un pre Panamericano, o competir en Los Cóndores –siempre de punto, de visitante, con púgiles más grandes y de mucho nivel, pero no importa. Ahí me pagaban unos $2000 extras-, o la posibilidad de entrar al equipo. Un mes y medio antes del pre-olímpico de La Rural, cuando clasifiqué a Río, tenía esta costilla salida –NdeR: la muestra, e impresiona-. Me la traté, me agarraron los Mendoza –NdeR: el Mago Mendoza y sus hijos, que trabajaron mucho en el fútbol- y milagrosamente me curé.

—¿Con masajes?

—Me seguía doliendo hasta que un día les dije que era el último intento. Si ese día no se me pasaba, no podía seguir entrenando. Me agarró el hijo, me tocó, no sé qué me acomodó y se me fue el dolor, milagrosamente. Así entré a Río, por la ventana. Nadie confiaba en mí, lo sé.

 

EL ABISMO

—¿Te molestó eso?

—No. Lo que sí tal vez me haya molestado fue que luego de clasificarme me trataran como un campeón. No lo necesitaba. Prefería que me siguieran tratando como antes, tranquilo. Me molesta más la falsedad que la indiferencia.

—¿Qué te decidió a seguir peleando a los 32 años?

—Mi voz interior. No es que me quiera hacer el místico, pero yo siempre sigo a mi voz interior. Iba a abandonar el boxeo, pero de pronto algo me dijo que no, que aún tenía más para dar. Me contacté con una persona y ésta a la vez me contactó con un DT cubano llamado Pedro Díaz –que de casualidad estaba acá- de una escudería llamada “Mundo Box”, que maneja a Rigondeaux, a Gamboa, y a varios más de 1º nivel, como Yordanis Despaigne, que de amateur le ganó a Golovkin.

—¿Eso cuándo fue?

—Enseguida de Río.

—¿Pero por qué no con un promotor de acá?

—Porque no sabía a dónde ir, no sabía qué hacer, como les pasa a muchos. Uno supone que te van a decir cómo seguir porque está acostumbrado a eso. Pero me fui dando cuenta que tenía que seguir mi carrera solo. Y no solamente no tenía promotor, sino que tampoco tenía DT desde el 2007.

—¿Quién era tu DT antes?

—Primero Romeo Bellini, el original, y después Santiago Nieva, que ahora es el DT general de India. De Suecia pasó a India. Habla 5 idiomas es un capo. Maneja todo el boxeo amateur allá. Y hay plata.

—Bueno, ¿y qué te dijo ese Pedro Díaz?

—Enseguida me dijo que sí, que me pagaba pasaje, casa y comida además de entrenarme y hacerme pelear. Pero tenía que irme a Miami, donde tiene su búnker. Agarré sin pensarlo. Era todo lo que necesitaba. Era la oferta soñada.

—¿Y? ¿Fue todo tan así?

—Digamos que sí. Salvo que el pasaje de ida me lo pagué yo. Como siempre. Me di cuenta que era la parte de la historia que no se cumpliría, y que si seguía esperando no viajaba más. Entonces me hice cargo yo y me fui, otra vez siguiendo mi voz interior. Lo demás, irreprochable. Lo que pasa es que la gente dice: “uy, Miami”, y piensa que uno está en la playa y los shoppings. Y nosotros estábamos en West South (Suroeste), a 40 km de la playa. Sin un mango. No podía ni salir a hacer nada. Entrenaba, comía y dormía, nada más. Y a veces me entretenía con el whatsapp. Ni TV teníamos.

—¿Cómo era tu rutina?

—Entrenábamos a veces una, y otra dos veces por día. Eso lo manejaba el DT como los dioses. Incluso nuestros descansos. Me levantaba y me iba en bici al gimnasio, que estaba a 7 cuadras. Era un entrenamiento de hora, hora y media. Y listo. A veces a la tarde repetíamos, a eso de las 14:00. Y nada más. Llegaba a casa y se acababa el mundo hasta el otro día. Se hacía difícil.

—¿Vivías solo? ¿Era un hotel, una casa, una pieza?

—Era como un departamento, y lo compartía con un colombiano, Alexis Angulo, un fenómeno. Va invicto. Un fenómeno. Él se quedó.

—¿Y progresaste en lo técnico?

—Mucho. Pedro Díaz es un capo, pero de repente además te agarra Rigondeaux, y con un solo consejo, o una sola muestra, te abre la cabeza. Es genio. Sabe todo. Y cambié mi estilo, por eso gané antes del límite. Me hice peleador, porque me di cuenta que es el estilo que allá gusta. El estilo argentino. En la primera pelea, mi rival no quiso más en el 4º. En la segunda, no pude noquearlo porque el tipo pesó 62,500 kg. Yo 57. (NdeR: acá sería antirreglamentario). Pero lo tiré. Y eso que hasta el momento de subir al ring no sabía con quién peleaba, porque me cambiaron el rival a último momento.

 

—¿El estilo argentino es fajador?

—Para ellos sí. Porque yo peleé en México, aunque entrenaba en Miami y allí aman al Chino Maidana. Para ellos es lo más. Nos dejó muy bien parados. Maravilla, Lucas Matthysse, ellos también. Los aman. Pero más a Maidana.

—¿El Chino más que Maravilla?

—¡Sí…! Lo aman. O sea, a Maravilla también, y a Lucas, son intocables. Palabras mayores. Uno acá no se da cuenta y por ahí sólo los del boxeo los respetan, pero allá no podrían ni caminar por la calle por la popularidad. Y al boxeador argentino en general lo respetan. Así como en el resto del mundo no nos quieren y estamos mal vistos, en el boxeo todo lo contrario.

—Mirá vos. Es bueno que lo diga alguien que lo vio neutralmente, que no fue como figura.

—Totalmente. Al argentino lo quieren. De América somos los más respetados. Más que a otros países. A los cubanos, quizás sí, pero para ellos no hay como el argentino, tanto el público de boxeo, como el boxeador. Porque al público argentino también lo quieren, ojo.

—¿Pero por qué?

—Por Maidana. Nos abrió las puertas. Además, el argentino paga la entrada y no hace quilombo en los estadios. El argentino paga el Pay Per View. Los demás no, porque por ahí se cuelan en los festivales. Quieren entrar gratis. El argentino que viaja paga. Estamos muy bien vistos. Y damos espectáculo. El estilo argentino, la pelea, la garra. Ah, y te tienen que pegar. Hay que aguantársela.

—Toda una revelación. ¿Y el trato es bueno?

—Increíble, al menos en Miami. Yo andaba todo el tiempo en bici y con la misma ropa. Entonces, para ellos, alguien como yo es como un linyera (risas). A veces entraba a una iglesia, a rezar. Era mi otro pasatiempo. Un tipo una vez se me acercó y me abrió su billetera. Me ofreció todos sus billetes. Me dijo que agarrara lo que quisiera.

—¿Y agarraste alguno?

—No, claro. Pero el gesto. Y otra vez una tipa me recomendó un libro: “Diario”, de Santa María Faustina Kowalska. Pero valía u$S150. ¿De dónde los sacaba? ¿Sabés qué hizo? Lo compró ella y me lo regaló.

—Pudiste haberte adaptado.

—Quizás, pero era el momento de volverme. Lo sentí.

—¿Qué te dijeron?

—Nada, lo entendieron. Ellos me tenían sin contrato, digamos que yo era una inversión poco segura para ellos también, y un riesgo. Si un día de pronto me iba con otro, o me volvía, ¿cómo la recuperaban? Me pagaron el pasaje y me vine. Pero quedó el contacto y si me consiguen alguna otra pelea viajo.

—¿Y acá? ¿Qué vas a hacer?

—Tengo que encontrar un promotor primero. Después ver el DT.

—¿Tenés algo en mente?

—Sí. Pero tengo que hablar

—¿Qué pensás de tus otros compañeros de equipo que aún están en veremos, como Melián, Yamil, Fernandito Martínez, Blanc.

—Que les pasa lo mismo que a mí. No saben para dónde ir. Están desorientados. Yo creo que la FAB debe atender ese problema y ayudar en el traspaso. Aconsejar. Tener un plan concreto. Porque yo hubiese querido seguir en la APB, pero no me tomaron. Tampoco sé si se va a seguir haciendo. En Los Cóndores ya no iba más, en el equipo amateur tampoco, entonces me podrían ayudar ellos y dar opciones. Luego que cada cual haga lo que mejor le parezca. (NdeR: Melián acaba de firmar con Sampson Lewkowicz, donde también está Palmetta).

—Tenés poco tiempo. Tenés 32 años.

—Pero yo a los 32 años recuperé la motivación y tengo como una segunda energía. Me siento tan bien que pienso que puedo hacer 10 años más como si nada. Vengo de ganar dos peleas afuera, acá puedo debutar quizás a 6 rounds, y luego a 8. Quiero pelear a 8 y luego enfrentar al que sea.

—Podés pelear a 10 enseguida con tus antecedentes, y pronto incluso ir por el título argentino.

—Sí, eso espero. Además vengo de ganar afuera. Eso es importante. Nadie es profeta en su tierra.

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