Maravilla Martinez : “Locche fue una obra maestra del boxeo

Maravilla Martínez: “Locche fue una obra maestra del boxeo

El ex titular mediano del Consejo Mundial de boxeo está en Mendoza filmando una película. Una oportunidad imperdible para hacer un repaso por su vida y el deporte que practicó por 20 años. Elogios para Nicolino.

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 El quilmeño ha encontrado en el arte su nuevo lugar en el mundo. | Ignacio Blanco / Los Andes
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 Maravilla en el rol de Claudio Mendoza, su personaje en la película “Pistoleros”. | Gentileza
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Maravilla en un pasaje del rodaje de la película. El boxeador hizo una confesión increíble: ”Soy sordo de mi oído izquierdo”. | Gentileza / Producción “Pistoleros”

 

Sergio Faria – sfaria@losandes.com.ar

Sergio “Maravilla” Martínez en medio del secano lavallino, por momentos es Claudio Mendoza, uno de los bandidos rurales de “Pistoleros”, la película que se está rodando en el departamento norteño.

Sí, ese mismo que aún “resuena en los acordes” del relato de Walter Nelson el: “¡Salí de ahí Maravilla, salí de ahí Maravilla!”, tras su caída en el decimosegundo round de aquella memorable pelea de Martínez frente a Julio César Chávez Jrs, en Las Vegas, el 15 de setiembre de 2012 y que tuvo un final dramático, y donde Martínez se consagró campeón mediano del Consejo Mundial (CMB) tras arrebatarle el título al mexicano en 12 rounds.

Pero tras su retiro del mundo deportivo comenzó a explorar el del espectáculo con algunos unipersonales, la música, la literatura y el teatro.

Ahora, en el cine. Hoy, el verborrágico y carismático, el ex boxeador, en sus ratos libres, pasea por el centro de  Lavalle.  Aquí reproducimos la segunda parte de la charla que tuvo con Más Deportes a su llega a Mendoza.

-Nicolás (Galvagno, director) nos hablaba mucho de tu seriedad para el papel en esta película.

-¡Uh! ¡Qué compromiso que haya dicho todo eso! (ríe) Sí, todo lo hago con seriedad. Estoy tratando de familiarizarme con el personaje que es estupendo; para mí, el más bonito de la película, donde soy el hermano menor.

-En tu familia qué lugar ocupás entre los hermanos.

-El de los traumas.

-¡El del medio!

-Mire cómo sabe.

-Para tu familia en buena hora que haya sido así, ¿o no?

-Por supuesto, y lo agradezco. Con el tiempo aprendí por qué las personas con traumas logran alcanzar el éxito. Como así también aquellos que provocan el bullying, los que se dedican a ejercer la violencia con la presión a los más débiles…   por qué no llegan a lograr sus objetivos. Por qué se estancan en la vida. Igual eso lo doy en las charlas.

-¿Tiene que ver con alguna experiencia personal?

-Este “autoanálisis” lo hice ahora, tras dejar de boxear. Ahora entiendo por qué logré mis objetivos, por qué los busqué y no cedí nunca. Por eso este tatuaje que dice “resistencia” (muestra su antebrazo derecho) que me acompaña por dentro.

-Van a ser 20 años que comenzaste con el boxeo profesional. 

– Mi primera pelea fue el 27  diciembre de 1997; combatí frente a Cristian Marcelo Vivas y gané por descalificación en el segundo round.

 

-Lo tenés todo muy presente, por lo visto…

-Sí, fue hace poco… el tiempo pasa rápido.

-¿Cómo ves el presente de nuestro boxeo?

– Lo veo bárbaro, porque dentro de cinco años vamos a tener nuevos campeones mundiales.  El problema era hace 5 años cuando Reveco, Maidana, Narváez, Matthysse y yo éramos campeones, el presente era estupendo y no se veía el futuro y cual era ese futuro, este presente, nadie se daba cuenta y no se trabajó con los chicos.

-Bajabas la guardia y exponías la cara, ¿Nicolino influyó en tu formación?

– No, Nicolino hacía algo que no se puede hacer. Algo que no se puede enseñar. Es como Messi, de otra galaxia.

-Evolucionaste a una edad que se dice que no se puede en el deporte ¿rompiste las reglas?

-Era trabajo nada más. Es simplemente creer lo que uno hace, así como hay cabezas duras que no aprenden más. En todo orden de la vida hay que trabajar para conseguirlas y ganarse las cosas. Siempre supe que medía para el boxeo, no para ser cirujano.

-¿Qué cambió el extranjero en tu vida deportiva?

-En tener alguien que me acompañe a Gaby Sarmiento  yo era muy kamikaze cuando boxeaba, cuando entrenaba y  como vivía. Me refiero a mis entrenamientos y mi trabajo, siempre me exigí  al máximo, lo que daba mi cuerpo y un poco más.

Y en Gaby encontré el apoyo. Aquí yo estaba solo, hacía lo que quería y lo que podía. Allá Gabriel venía y trataba de ayudarme, me presionaba para sacarme el máximo. Allí, exploté a nivel deportivo a nivel mundial.

-¿Tus guanteos eran muy variados antes de las peleas o guanteabas muy poco?

-Guanteaba muy poquito, hacía seis días de guanteo antes de cada título mundial; lunes, miércoles y viernes, dos semanas antes de la pelea de cada título mundial. Manoplas también hacía muy poco.

-Hay boxeadores que realizan cerca de 200 o más rounds de guanteos antes de un título mundial.

– Eso es malísimo. Conozco muchos chicos talentosos y que no tienen 30 años y ya hablan con las plantas. Físicamente  la gente se golpea más en el gimnasio. La  pelea es la gota que colma el vaso.

-Cómo surge esa manera tan particular de entrenarse para un título mundial.

-Se fue dando, Gaby tenía una forma de ver el boxeo parecida a la mía. Gaby le decía a Pablo (Sarmiento, su entrenador) no le hagas hacer tanto guanteos porque él no quiere y no lo necesita. El boxeo para mí es otra cosa, es manejo de tiempo y distancia; no es fuerza, velocidad, potencia, resistencia eso no tiene nada que ver con el boxeo. El boxeo es pensamiento.

El cuerpo es una ilusión, yo lo comprendí de esa manera y por eso llegué a ser campeón del mundo nada más. No era campeón mundial porque era mas fuerte o más rápido que alguien, ni más potente.

Sabía que el cuerpo es una ilusión y que tenía que jugar con eso. Que mis rivales creyesen que estaba ahí, allí o acá, que iba a ser ésto o aquello otro en el ring . Es como Messi o Maradona, no me quiero comparar con ellos, son de otra galaxia. En el boxeo hay que tratar de hacer lo mismo. Es una ilusión.

-Mayweather, entonces es el mejor ilusionista. 

-Sí, Floyd es el número 1.

-Comenzó con Muhammad Alí

-Primero Sugar Ray Robinson, luego Alí, Sugar Leonard y Mayweather, hay como una línea que no se cortó y se cedieron la posta.

-Los estudiaste mucho. 

-Sí, observé mucho. Eso no quiere decir que lo haya podido lograr.

-No todo el mundo lo ve.

-Supe ver las cosas nada más. ¡Por eso gané yo!, porque los boxeadores no miran. Pelean como si estuvieran encerrados en una caja de zapatos. Pelean igual en vez de utilizar todo el ring y florearse. Antes de ser campeón mundial me decían lagunero, cobarde, tipo que pierde tiempo, está viejo, no tiene idea lo que es el boxeo, tiene un concepto errado.

A mí me llovieron todos los palos; “quiere ser diferente, pobre”, Me reía. El boxeo está mal enseñado, la base está mal hecha, sino explicame como Locche, pudo ser campeón. Locche no fue campeón fue una obra maestra del boxeo

-Es conceptual para vos.

-Por supuesto. A mí me decían que bien que esquivaba, no esquivaba, la mano del otro venía detrás de mi cara y me ponía para que no llegara. (Kelly) Pavlik tiraba tres o cuatro derechas; son veloces sorpresivas, potentes y mortales. Me ponía todo el tiempo para que él me tirara 200 derechas. ¿Qué pasaba?se perdía la velocidad, entonces la derecha se perdía.

-La piña de Paul Williams. 

-Se me escapó (ríe), no se pegó sólo. Èl lo único que miraba era mi cara y fue alejar la mano de mi cara para allá y a Williams le cayó un piano en la cabeza. El golpe que te mata es el que no ves.

 

Los últimos rounds del campeón

La mano de Julio César Chávez en el rounds 12: “Me había pegado un minuto y medio antes de mi caída, y ahora que dejé de boxear lo puedo decir. Soy sordo de mi oído izquierdo. Me rozó con el guante el oído derecho, que para mí es peor y me quedó un zumbido. Mi pie izquierdo no encontraba el suelo y repiqueteaba. Quería alejarme y no podía. Ya está me dije; acá quedo. Lo veía venir, si las puedo esquivar, las esquivo sino las aguanto. No la aguanté, me tiró (ríe a carcajadas). Estaba jugándome el título mundial. Estaba mi vida en juego.

El retiro: Me encantó!. A mí allá arriba me tenés que sacar con las patas para adelante. Cotto me tiró 800 veces, me caí y me levanté una más y dije ya está, se acabó. Si me voy a retirar. Si me tenés que matar que sea bien muerto. Ya estaba jugado y no tenía armas. Lo que más me gustó fue la sensación de libertad que tuve cuando perdí. Me saqué una loza de encima. Son etapas. Así gané guita y me compré mi casa y tengo un muy buen pasar, pero sin lujos”.

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