ROMANCE DE EL GAUCHO Y LA CAMIONERA

DSC_0220Soledad Alegre es campeona mundial superligero WBO. Sebastián Heiland, campeón Internacional WBC, viene de noquear a Matt Macklin en Irlanda.

Esa tarde de sábado en la Argentina, cuando Sebastián Heiland subió al ring de Dublín, Irlanda, para defender su título Internacional del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) frente a Matthew Macklin, muchos corazones argentinos palpitaron más fuerte, anhelando una victoria.

Hubo, sin embargo, un corazón que latió mucho más fuerte aún. Y, cuando Heiland noqueó a Macklin de un derechazo corto, breve y brutal, ese corazón se desbocó, mientras brotaba un llanto como solamente puede producir una persona enamorada.

Es que, mientras El Gaucho Heiland imponía su boxeo en Irlanda, una mujer, frente a su televisor en González Catán, no podía ocultar su orgullo y emoción. Fernanda Soledad Alegre tenía sus razones: no solamente había ganado su pareja, Sebastián Heiland, sino que en el rincón estaba el padre de ella, Luis. Que es, también, técnico de su hija, puesto que Soledad es conocida como “La Camionera”, la campeona mundial superligero de la WBO.

Ahora, en esa misma vivienda adornada por cuadros, medallas, trofeos, cinturones, guantes y cuanto recuerdo deportivo se pueda colgar en una pared, están ellos. Sebastián Heiland, más conocido por El Gaucho de Pigüé o El Gauchito; Fernanda Soledad Alegre, La Camionera quien, según su propio slogan, “No toca bocina”.

Hay por supuesto, una ronda de mate, esa costumbre rioplatense que al Gauchito le hace juego con su boina vasca, sus bombachas y alpargatas, como buen vecino de Pigüé, en la provincia de Buenos Aires. Aunque ahora, claro, le gusta más el aire de González Catán…

“Yo estuve prácticamente a punto de largar el boxeo”, dice Heiland. “No quería más. Después de perder con Verón, el año pasado (fue el 28 de junio de 2013, cuando Mateo Verón le ganó por puntos) sentí que ya no tenía sentido

seguir boxeando. Entonces me anoté en un curso de entrenador en Buenos Aires. El asunto es que no tenía dónde vivir, aunque eran unos pocos días. Y como lo había conocido a don Luis (Alegre) le pedí que me diera un techo. Por supuesto, me dijo que sí. Y asi llegué a esta casa…”

Hay un nuevo mate, cebado por Sole –así la conocen todos en casa- que escucha, simplemente escucha, y asiente…

DSC_0194“Con Sole nos habíamos conocido hace más de un año, en una fiesta de la Unión de Periodistas de Boxeo (UPERBOX) y eso fue todo. Bueno…así empezó la cosa, porque Luis me dijo que, si alguna vez quería entrenar de nuevo, acá iba a tener lugar. Me quedé un par de días de más y me volví a Pigüé. Entonces, justo entonces, sonó el teléfono…”

Hace la pausa Sebastián Heiland, el hombre que a los 27, suma 25 victorias con 13 KO, 4 derrotas y 2 empates. A su lado, Soledad acaba de traer un par de guantes rosados. Ella tiene 27 años y un record de 22 peleas de las cuales ganó 20 (10 antes del límite), 1 derrota y 1 empate. Ya lleva 10 defensas de su corona superligero WBO, que ganó frente a la brasileña Michelle Bonassoli (el cinturón estaba vacante) el 3 de diciembre de 2010 en Lomas de Zamora. Su única salida profesional fue un éxito (México, GKO 4 Diana Ayala, noviembre de 2012) pero también dejó su marca, pues tras esa pelea tuvo una lesión en un hombro y estuvo nueve meses inactiva…

“Fue entonces cuando me llamó (Osvaldo) Rivero para ofrecerme la pelea con Godoy… y bueno… acepté”, evoca Heiland.

La pelea con Billi Facundo Godoy fue la pelea más vibrante de la temporada 2014 por el tremendo dramatismo que tuvo. En gran combate, Heiland se impuso por nocaut en el último round, revitalizando su carrera de una manera inusual. Fue el 29 de noviembre en Neuquén y Heiland volvió a los primeros planos.

Estuve entrenando acá, en González Catán para esa pelea y fui y le dije a Don Luis: “Señor, yo siempre quise este cinturón, porque para mí es el más lindo de todos. Me gusta mucho el color verde del Consejo Mundial. Yo vengo a entrenar acá para llevármelo, es lo único que me importa. Y quiero que sepa que no tengo ningunas segundas intenciones, vengo para ganar este cinturón”

¿Hacía falta la aclaración? “Y… algo había ya…” dice Soledad, sonriente. Finalmente, él la invitó a salir al shopping de González Catán. Charlaron

mucho, conversaron, se conocieron un poco más… Y un día, formal y serio como gaucho que es, le pidió a don Luis la mano de su hija.

“Está todo muy bien”, dijo el padre. “Pero quiero que tengas en claro que en casa soy tu suegro, pero en el gimnasio soy el entrenador. El tuyo y el de ella y en eso me tenés que hacer caso en todo”. Heiland, sin dudar, le dijo que sí.

DSC_0010“Yo me separé de mi técnico original Gabino Giménez, y él supo entenderlo, le dije en enero de este año que me venía para acá y él mismo me deseó la mejor de las suertes”, cuenta. “Aquí encontré una disciplina, un método de trabajo y un orden que, lo confieso, en los primeros días me quedaba todo el cuerpo roto, pero acá están los resultados”.

No es extraño que Heiland sea frontal en las decisiones. Es imposible no mencionar su gesto más recordado. Fue el 21 de mayo de 2010, en su ciudad de adopción, Pigüé, cuando enfrentó a Sergio Sanders. Los jurados le dieron el triunfo y antes de que se leyera la tercera tarjeta, él le levantó la mano a su rival. “No gané yo, los fallos localistas me dan vergüenza: esta noche, Sanders me dio una lección de boxeo”, dijo frente a las cámaras de televisión, en una actitud que le hizo ganar todos los elogios…

Soledad, a su vez, habla poco, pero dice lo justo: “Cuando vi la pelea con Macklin no podía estar quieta, fue algo tremendo… Es que Seba es un tipo dulce, compañero, un caballero en todo sentido. ¿Qué más puedo decir? Que estoy muy enamorada de él…”

Admiten que compartir el mismo deporte los ayuda. Los dos saben de concentraciones, de viajes, de esperas y hasta de privaciones. Cuando se acerca una pelea, generalmente el boxeador tiene que acercarse al peso de su categoría, no puede comer lo que quiere, se pone nervioso… “Sabemos lo que es, lo dos lo vivimos y nos ayudamos. Si él tiene que dar el peso, no voy a andar comiendo delante de él todo lo que yo quiera y al revés… Cuando se me acerca una pelea… ¡Tengo que salir corriendo de todos los dulces!”, ríe Soledad.

Su calma aparente oculta también la tensión de su próximo combate, porque el sábado 29 de noviembre, Soledad se medirá con Ana “La Monita” Esteche (10-3-2, 2 KO) también campeona mundial superligero pero de la Asociación Mundial (WBA), en un choque en donde no estará en juego ninguna corona, en el Club de los Camioneros en la ciudad de Buenos Aires… “Ella fue mi

sparring durante un tiempo y después desapareció. Es temperamental como yo, y por eso va a ser una pelea muy dura para los dos”, admite.

“Seguramente voy a sufrir desde afuera del ring, viéndola pelear, más que cuando peleo”, dice Sebastián Heiland. “Siempre pasa asi… y allí estaré, claro, acompañándola”.

“Fui el único jurado argentino de la pelea con Macklin”, cuenta Edgardo Codutti. “Y puedo asegurar que el inglés era la estrella de la noche porque toda la promoción se hizo alrededor de él, pero Heiland le ganó sin discusiones en una gran pelea. Los tres jurados teníamos las tarjetas iguales cuando vino el nocaut, 87-84. Heiland y Alegre forman un gran equipo, que incluye además al doctor Marcelo Sánchez, director del Hospital de González Catán, un especialista en siquiatría y adicciones, y que me parece también le ha hecho muy bien a Heiland en todo sentido”.

DSC_0154Luis Alberto Alegre es una historia aparte, porque tras la grave enfermedad de una de sus hijas cayó en la depresión y se metió en un gimnasio. “El boxeo me salvó la vida”, confesó alguna vez este hombre que hizo 29 peleas de amateur y que hoy es el técnico de su hija y de su yerno. “Colgué los guantes y terminé volviendo al boxeo un año después, para acompañar a Sole”, recordó alguna vez (otro hijo suyo no pudo seguir boxeando por un grave problema en un hombro).

Dice Don Luis: “Con Sebastián hicimos un plan de pelea y él lo cumplió perfectamente. Antes se abría mucho y se exponía demasiado a los golpes, y eso lo confundió a Macklin, porque se encontró con un boxeador de más línea y menos frontal”, afirma.

Dice Soledad: “Es la primera vez que le dije a alguien que lo amo”

Dice Heiland: “Hoy quiero acompañar a mi mujer a su próxima pelea, y estar en familia, después hablaremos de mi futuro…”

El Gaucho y La Camionera siguen viviendo su romance. Una historia de amor florecida entre guantes de boxeo…

Créditos: Carlos Irusta

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